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jueves, 19 de febrero de 2009

"LA MUERTE DE HIPATÍA"


"Hipatia", por el pintor prerrafaelista inglés Charles William Mitchell (1885).



*LA MUERTE DE HYPATIA*


Empezó entonces a correr entre los cristianos de Alejandría el rumor de que la causante de la discordia entre Cirilo y Orestes era la influyente Hipatia, amiga y consejera de su ex alumno Orestes y, presumiblemente, opuesta a los abusos del poder religioso. En plena Cuaresma, un grupo de fanáticos, dirigidos por un lector de nombre Pedro se abalanzó sobre la filósofa mientras regresaba en carruaje a su casa, la golpearon y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar al Cesáreo, magno templo edificado por Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y convertido en catedral de Alejandría. Allí, tras desnudarla, la golpearon con tejas hasta descuartizarla, y sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad hasta llegar a un lugar denominado el Cinareo (por su nombre, se supone que un crematorio), donde los incineraron. Debía tener unos 60 años en el momento de su muerte.

Hesiquio sugería que el vínculo entre la astrología y la adivinación y la magia negra causaron su muerte. El exaltado obispo copto del siglo VIII Juan de Nikiû la consideraba una bruja peligrosa, responsable del conflicto entre cristianos y judíos, y entre Orestes y Cirilo, concluyendo que tenía bien merecida la muerte.

Sócrates Escolástico achacó indirectamente a Cirilo la responsabilidad del asesinato de Hipatia, al manifestar que "este suceso acarreó no escaso oprobio tanto a Cirilo como a la iglesia de los alejandrinos", ya que no hay nada más opuesto al espíritu del cristianismo que el crimen. Las demás fuentes narran el suceso de manera similar. El historiador arriano coetáneo Filostorgio se limitó a echar las culpas a los homousianos, fieles al credo de Nicea. El historiador bizantino del siglo VI Juan Malalas se equivocaba al afirmar que Hipatia fue quemada viva (lo fue después de muerta), pero admitía la inducción de Cirilo y culpaba también a la propia naturaleza de los habitantes de Alejandría, violentos y "acostumbrados a toda licencia" Juan de Éfeso, decía en la misma época que los habitantes de Alejandría "son una horda de bárbaros, directamente inspirada por Satán", y el propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. Pocos años después, en 422, el sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto, fue muerto en un nuevo tumulto. También se ha llegado a sugerir que la turba estaba enloquecida por los rigores del ayuno de Cuaresma.

Finalmente, la entrada referente a Hipatia en la monumental enciclopedia bizantina del siglo XI conocida como Suda atribuye también la responsabilidad del crimen a la envidia de Cirilo y al carácter levantisco de los alejandrinos, y da la clave para comprender la triste muerte de la filósofa al equipararla a la de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: Jorge de Capadocia (m. 361) y Proterio (m. 457).

Sobre la motivación que Cirilo podría haber tenido para ordenar o inducir la muerte de Hipatia, los historiadores han concluido la confluencia de al menos cinco móviles:

La propia intolerancia del obispo hacia el paganismo y el neoplatonismo, que tanto había influido en el arrianismo.
La amistad e influencia de la filósofa sobre el prefecto imperial Orestes y las clases altas de Alejandría; en su particular hostilidad hacia todo lo cristiano, Edward Gibbon indicaba que Cirilo estaba tan celoso de su influencia y de la popularidad que "alentó, o aceptó, el sacrificio de una virgen, que profesaba la religión de los griegos".
Los deseos de vengar la muerte del monje Amonio, ordenada por Orestes, quizá aconsejado por su ex-maestra.
La hostilidad de Hipatia hacia Teófilo y su sobrino por la destrucción del Serapeo y el saqueo de su biblioteca en 391, que posiblemente la llevara a azuzar el enfrentamiento entre el prefecto imperial y el patriarca.
El deseo de advertir a Orestes de que no continuara enfrentándose con él, mediante la muerte de alguien tan cercano como Hipatia.
La muerte de Hipatia levantó un gran revuelo. Tras el cruel asesinato, Orestes informó de los hechos y pidió a Constantinopla que interviniera. La Suda afirma que el emperador Teodosio II quiso en principio castigar a Cirilo, tanto por justicia como por ser un gran protector de las enseñanzas filosóficas pero, a la postre, la reacción imperial se limitó a retirar al Patriarca los 500 monjes que le servían como guardia de corps, lo que ha llevado a algunos historiadores a suponer que fueron éstos, y no el populacho mencionado en todas las fuentes, los responsables del asesinato de la filósofa. La medida fue sin embargo rescindida al cabo de dos años, permitiéndose además aumentar su número a 600. Que Cirilo saliera tan bien parado fue posiblemente debido a la influencia de la hermana del Emperador, la augusta Pulqueria, cristiana devota de gran ascendente sobre su hermano, en cuyo nombre gobernaba mientras éste se dedicaba a tareas intelectuales.

En sus Memoirs pour servir à l'historie ecclésiastique... (1693), el abate jansenista Le Nain de Tillemont exculpaba a Cirilo considerando que fue un crimen oprobioso para los cristianos y que redujo su influencia política. Tras la muerte de Hipatia, las relaciones entre el Patriarcado alejandrino y la Corte Imperial se suavizaron y la veneración hacia el monje Amonio desapareció, ya que los mismos alejandrinos reconocían que había merecido la muerte por su atentado y no por haber sido obligado a renegar de Cristo. Cirilo no pudo impedir que su rival doctrinal, Nestorio, gozara del favor imperial y fuera elegido Patriarca de Constantinopla en 428, pero logró finalmente su deposición en el Concilio de Éfeso de 431. Convertido en uno de los personajes más influyentes de la Iglesia, a su muerte en 444 fue santificado, y es considerado uno de los Doctores de la Iglesia debido a su extensa obra doctrinal.

No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de Alejandría, cuya Escuela siguió floreciendo hasta pleno siglo VII, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I.

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