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sábado, 7 de febrero de 2009

"MUJERES EN EL BAÑO"


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PHOTO: Michaël Rumiz
www.michaelrumiz.com/

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Mujeres en el baño...

www.mujeresen3d.com.ar/



Escena 8. El mosquito

E. - Me gustaría ser mosquito... para que alguien me de un manotazo y me haga mierda... No me importa si te quedás o te vas.
No me interesa si estás con otras y les decís que las deseás tanto o más que a mí. No me importa ser la segunda, la tercera o la cuarta, no me interesa no ser la primera ni la única, y me da igual que no sea para siempre.
No me importa que mientas cuando hablás de mí, ni que digas que soy un milagro que no soy en tu vida. Ni siquiera me importa saber si me querés. No me importa la poesía, no me importan las palabras que decís o que callás.
No me interesa saber si me extrañás, y me da risa encontrar por casualidad un email de otra que declara que te extraña y que sin pudores te cuenta que revisa su correo electrónico siete veces al día para ver si le escribís, y que habla de tu barba y tus masajes, y todo con un tono brutalmente grasa que me impacta y me conmueve hasta las tripas.
No me importa ver junto al mensaje un signo rojo que lo clasifica como de alta prioridad. Ni me interesa imaginarte clasificando el email.
No me importan los llamados telefónicos que recibís, ni la impostada naturalidad que simulás cuando sabés que te estoy escuchando.
No me importa que ellas sean más jóvenes que yo.
No me importa que les digas corazón, pajarito o bombón.
No me interesa saber en qué pensás cuando cogés.
No me interesa descubrir si es mentira o es verdad.
No me importa que uses siempre las mismas frases, el mismo modo, las mismas ocurrencias con todas por igual.
No me importa que tu pija sea chica ni me importa saber si lo sabés.
No me interesa que me cuentes de dónde venís ni a dónde vas ni por qué te quedás cuando te quedás.
No me importa que ésto esté acabado antes de empezar.
Simplemente no me importa...

E. llora. Todas ingresan y aplauden a E. luego le entregan un ramo de flores. E. ríe, y luego llora otra vez.

L. – Veamos con qué facilidad, de un momento a otro, el corazón más fuerte y desafectado del mundo, puede derrumbarse:
Una vez amé a un hombre que frente a la mínima posibilidad de tormenta sentencio: “no tenemos que vernos más”, Y ni una milésima de segundo después, mi corazón se enfermó de tristeza. Estuvo noches enteras agonizando, gritando como un loco desbocado. Y yo caminaba sin rumbo por la casa, Iba a la cocina, al baño, al sillón... daba vueltas con la garganta cerrada sin saber qué hacer, y mi corazón medio moribundo me pedía que lo calme con algo...
Yo intentaba asistirlo, quería resolver, le daba una palmada, un sacudón, le hablaba: ¡Vamos corazón, vamos!... ¡arriba el ánimo corazón!... Pero él nada, estaba susceptible... desolado... hecho una mierda... no había forma.
Empezó a recordar cosas del pasado... amores viejos... Y yo le decía, eso ya está, ya lo superaste, no te acordas? Y él no me escuchaba, cualquier dolor le daba lo mismo, sufría por cualquier cosa... mezclaba nombres, confundía lugares y yo me desesperaba, no sabía cómo ayudarlo ni qué decirle, y mi corazón sufría y sufría... Al punto que ya ni sabía quién lo había dejado... Sufrió tanto pero tanto, que llegó un momento que ya no importaban cuáles eran los motivos que lo hacían sufrir... y yo desbordada y superada por tremenda situación sólo gritaba: ¡parala corazón! ¡Parala corazón!

T. – ¡Devolveme mi ventilador!

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(Mujeres en el baño. Mariela Asensio)

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