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domingo, 11 de octubre de 2009

"IMAGEN ESPAÑOLA DE LA MUERTE"



IMAGEN ESPAÑOLA DE LA MUERTE


¡Ahí pasa! ¡llamadla! ¡es su costado!
¡Ahí pasa la muerte por Irún:
sus pasos de acordeón, su palabrota,
su metro del tejido que te dije,
su gramo de aquel peso que he callado... ¡si son ellos!

¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome en los rifles,
como que sabe bien dónde la venzo,
cuál es mi maña grande, mis leyes especiosas, mis códigos terribles.
¡Llamadla! Ella camina exactamente como un hombre, entre las fieras,
se apoya de aquel brazo que se enlaza a nuestros pies
cuando dormimos en los parapetos
y se pára a las puertas elásticas del sueño.
¡Gritó! ¡Gritó! ¡Gritó su grito nato, sensorial!
Gritara de vergüenza, de ver cómo ha caído entre las plantas,
de ver cómo se aleja de las bestias,
de oír cómo decimos: ¡Es la muerte!
¡De herir nuestros más grandes intereses!
(Porque elabora su higado la gota que te dije, camarada;
porque se come el alma del vecino).

¡Llamadla! Hay que seguirla
hasta el pie de los tanques enemigos,
que la muerte es un ser sido a la fuerza,
cuyo principio y fin llevo grabados
a la cabeza de mis ilusiones,
por mucho que ella corra el peligro corriente
que tú sabes
y que haga como que hace que me ignora.

¡Llamadla! No es un ser, muerte violenta,
sino, apenas, lacónico suceso;
más bien su modo tira, cuando ataca,
tira a tumulto simple, sin órbitas ni cánticos de dicha;
más bien tira su tiempo audaz, a céntimo impreciso
y sus sordos quilates, a déspotas aplausos.
Llamadla, que en llamándola con saña, con figuras,
Se la ayuda a arrastrar sus tres rodillas,
como, a veces,
a veces, duelen, punzan fracciones enigmáticas, globales,
como, a veces, me palpo y no me siento.

¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome,
con su coñac, su pómulo moral,
sus pasos de acordeón, su palabrota.

¡Llamadla! No hay que perderle el hilo en que la lloro.
De su olor para arriba, ¡ay de mi polvo, camarada!
De su pus para arriba, ¡ay de férula, teniente!
De su imán para abajo, ¡ay de mi tumba!




César Vallejo, "España, aparta de mí este cáliz" (1939)

martes, 6 de octubre de 2009

"DÍA D"




Robert Capa fue uno de los pocos que participó del desembarco de Normandía, el "Día D", 6 de Junio de 1944 durante la Segunda Guerra Mundial.

El fotógrafo se lanzó al agua con el primer grupo de hombres que trató de hacer tierra en la playa de Omaha. Allí, bajo intenso fuego enemigo, registró con su cámara a los hombres que se arrojaban al agua, a los tanques anfibios que se hundían y a los cadáveres que quedaron flotando. Tomó 106 fotografías pero lamentablemente sólo ocho quedaron para testimoniar el drama y el terror que se vivió en el desembarco. Apurado por revelar los rollos, un técnico de laboratorio los acercó demasiado a una estufa y el calor arruinó la emulsión.

La foto que ven es una de las ocho que quedaron.

jueves, 1 de octubre de 2009

"ACCIONES DE GUERRA"




"Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte".
Jean Anouilh (1910-1987) Escritor y dramaturgo francés.



Fotografía: Robert Capa.

Agosto de 1944. Chartres, Francia. Justo después de la liberación de la ciudad, una mujer francesa que había tenido un bebé con un soldado alemán debió llevar su cabeza rapada como medida punitiva.




Sobre el fotógrafo: Fue el más célebre corresponsal de guerra. De origen judío, su vida es tan intensa como sus fotografías.

Robert Capa, antes de ser Robert Capa fue un joven de ascendencia judía, de nombre Ernest André Friedman, nacido en Budapest, Hungría, el 22 de octubre de 1913. A los 18 años abandonó su país para marchar a Berlín, pero la llegada de Hitler al poder, en 1933, lo obligó a dejar Alemania. Se fue a París, donde conoció al fotógrafo David Seymour, con quien comenzó a trabajar. Cuando París no era una fiesta, conoció a Gerda Taro (Stuttgart, Alemania, 1910), una muchacha burguesa, hija de judíos polacos. André y Gerda formaron pareja e idearon un truco ingenioso: inventaron un personaje fantasma, Robert Capa, un fotógrafo supuestamente famoso recién llegado de Estados Unidos para trabajar en Europa, que vendía sus fotos por intermedio de ellos. El resto es historia: Capa, ya totalmente Capa, comprometido en la lucha antifascista, hizo el 5 de septiembre de 1936 en Córdoba, España, la foto que lo inmortalizaría como el corresponsal de guerra más famoso del siglo XX: Miliciano herido de muerte, donde se ve a un miliciano cayendo por las balas, todavía con el fusil en mano. Sus fotos marcarían un nuevo camino en el fotoperiodismo tal como era concebido hasta entonces, y aparecerían en publicaciones tales como Vu, Weekly Illustrated y LIFE.

En 1954, cuando estaba en Japón, la revista LIFE le propuso reemplazar a un fotógrafo en Vietnam. El 25 de mayo, acompañando al ejército francés en el bosque de Thai Binh pisó una mina y murió en su ley: persiguiendo la ambición de estar siempre un poco más cerca.