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sábado, 7 de febrero de 2009

"EPIGRAMA CON MURO"







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FOTOGRAFÍA: Serge Leblon
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@ EPIGRAMA CON MURO @
(Mario Benedetti)



Entre tú y yo/mengana mía/ se levantaba
un muro de Berlín hecho de horas desiertas
añoranzas fugaces

tú no podías verme porque montaban guardia
los rencores ajenos
yo no podía verte porque me encandilaba
el sol de tus augurios

y no obstante solía preguntarme
cómo serías en tu espera
si abrirías por ejemplo los brazos
para abrazar mi ausencia

pero el muro cayó
se fue cayendo
nadie supo que hacer con los malentendidos
hubo quien los juntó como reliquias

y de pronto una tarde
te vi emerger por un hueco de niebla
y pasar a mi lado sin llamarme

ni tocarme ni verme
y correr al encuentro de otro rostro
rebosante de calma cotidiana

otro rostro que tal vez ignoraba
que entre tú y yo existía
había existido
un muro de Berlín que al separarnos
desesperadamente nos juntaba
ese muro que ahora es sólo escombros
más escombros y olvido.

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ACLARACIÓN ...

@ Lo que se lee en el muro es Latín... la lengua de Plutarco, que no es el perro de Mickey Mouse.


LA LEYENDA DE PIGMALIÓN Y SU GALATEA


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FOTOGRAFÍA: Serge Leblon
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@ Al observar ésta imagen me vino a la mente la leyenda que les contaré a continuación, claro en la fotografía, el caso la escultura enamorada de su obra.

Me es inevitable al escribir sobre escultoras nombrar a nuestra Lola Mora o a Camille Claudel (ambas tuvieron una vida interesantisima, les recomiendo conocer su historia)...



@ LA LEYENDA DE PIGMALIÓN Y GALATEA @

Pigmalión era un importante rey de Chipre que destacó siempre por su bondad y sabiduría a la hora de reinar.
Todo su tiempo libre lo dedicaba a crear esculturas, no mostrándose interesado ni por otro tipo de distracción, ni por el matrimonio, lo que ya inquietaba a sus súbditos, que veían con desagrado la falta de descendientes para la familia real.
A pesar de los intentos de sus allegados de que encontrara esposa, Pigmalión seguía constantemente dedicado a crear magníficas esculturas, trabajando hasta altas horas de la noche.

Un día, se encaprichó en crear la figura de una hermosa mujer, trabajó incansablemente hasta lograr su objetivo. Cuando hubo acabado, vistió la figura -en marfil- con las mejores galas y le puso de nombre Galatea. No contento aún con la excepcional obra, siguió retocándola hasta que fue absolutamente perfecta.
Entonces, Pigmalión se dio cuenta de que se había enamorado de la figura. Días más tarde, en unas fiestas celebradas en honor de Afrodita, Pigmalión sorprendió a todos quienes les rodeaban suplicando a la diosa que transformara a Galatea en un ser humano, para que pudiese amarla como se merecía.

Nada más realizar su petición, Pigmalión corrió a su taller, y allí pudo ver cómo Galatea iba adquiriendo los primeros rubores en sus mejillas e iniciaba un lento movimiento, bajando del pedestal en el que se encontraba grácilmente y con una hermosa sonrisa dirigida a su creador.
Éste le pidió entonces que si quería ser la reina de Chipre, a lo que ella contestó que le bastaba con ser su esposa. La boda no pudo resultar más feliz, la propia Afrodita acudió en forma de mortal.

La unión fue sumamente feliz y fructífera, y dio varios hijos, entre ellos, Pafo. El agradecido pueblo de Chipre fue, desde entonces, uno de los que más cuidó sus ofrendas a la diosa, que siempre recibió allí un gran trato.

Otra bonita versión de la leyenda dice que Afrodita, compedecida del amor de un Pigmalión más joven, le ordenó besar a la estatua y, en ese momento, Galatea se convirtió en mujer, para mayor éxtasis de su creador.